viernes 29 de mayo de 2009

NCT pide el abandono de la autopista de peaje

COMUNICADO DE PRENSA

NCT PIDE EL ABANDONO DEFINITIVO DE LAS OBRAS DE LA AUTOPISTA DE PEAJE POR LOS MONTES


ESTUDIAN DIRIGIRSE AL MINISTRO DE FOMENTO, Y CAMBIAR EL PROYECTO POR EL TREN DE CERCANíAS CON EL INTERIOR

La Coordinadora Malagueña Nueva Cultura del Territorio (NCT), solicita la paralización definitiva de las obras de la Autopista de peaje de los Montes, que considera un proyecto innecesario y anacrónico, ejemplo del catetismo en el que transita la política provincial y de la imposición de los intereses privados sobre los públicos

En un momento en que todas las instancias nacionales e internacionales dicen que hay que cambiar con urgencia de modelo económico, es la oportunidad de ponerlo en práctica. El modelo de transporte que conlleva es insostenible: es inseguro, de enormes costes económicos y muy poco eficiente. Llevamos 30 años construyendo carreteras, autovías e infraestructuras para el automóvil, que cada vez es menos eficaz, requiriendo más y más infraestructuras. Como ya están haciendo países como Francia, es el momento de parar.


El proyecto de Autopista por los Montes es innecesario porque el transporte del futuro pasa por potenciar los medios públicos que, en este caso, sería el Tren de Cercanías con el Interior de la provincia, sistema más económico, seguro y eficiente.

Tenemos que caminar rápidamente hacia un modelo eficaz, no dependiente del petróleo, que recorte el gasto en transporte de empresas y familias, que no acentúe el cambio climático y que ponga los intereses públicos por delante de los privados de los grupos de inversores.

Nueva Cultura del Territorio (NCT) que agrupa en la provincia a 25 plataformas y grupos ciudadanos que promueven un nuevo modelo de intervención territorial y de actividad económica, se reunirá para decidir si se dirigirá al nuevo Ministro de Fomento para que intervenga frenando este proyecto totalmente innecesario e inicie una nueva política que priorice el cambio de modelo, modificando el concepto de obra pública en España.

Nueva Cultura del Territorio, coordinadora malagueña - NCT

http://nuevaculturaterritorio-malaga.blogspot.com

Correo: coordinadoranct@gmail.com


Contrastar noticia o ampliarla: Salvador Arijo 696719263

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domingo 24 de mayo de 2009

¿Se reirán de nosotros...?

¿SE REIRÁN DE NOSOTROS...?

Resulta ofensiva la atildada sonrisa del, todavía, presidente de la comunidad valenciana, Francisco Camps, al salir de los juzgados. Resulta humillante e hiriente para algunos ciudadanos (otros le aplauden) ese aire de autosuficiencia, de ganador, que conlleva un mensaje implícito: “a mí nadie puede tocarme, mi traje no se arruga”. Y esos mismos ciudadanos, escandalizados e impotentes, observan atónitos cómo es tan difícil juzgar a esta pandilla de mafiosos instalados en el poder, que han gestionado y gestionan el territorio como su cortijo personal, su patrimonio, que han convertido el hormigón en el paisaje nacional, símbolo de una España que no sabe encontrar más riquezas que agostando sus riquezas naturales.
Una España que se autoproclama patriota, defensora de las tradiciones que importan (los toros, el fútbol, la familia, las telenovelas...), y que desprecia profundamente su paisaje, su fauna, su gente; para, bien manipulados sus pocos reflexivos habitantes, adueñarse solapadamente del territorio y engordar sus arcas, amén de una moralina que sigue soñando con el pensamiento único.

No es, sin embargo, más esperanzadora la visión de los otros, esos que se autodenominan de izquierdas y, sin embargo, hace tiempo que llevan traicionando su ideología (si alguna vez la tuvieron). Más allá de las medidas sociales y los descalabros continuos en materia de educación, su discurso sigue siendo servil al capitalismo salvaje, defendiendo la competitividad, la productividad, pero olvidando siempre al ser humano. También ellos juegan a trazar líneas de destrucción sobre el territorio, también, muchos de ellos (espero que no todos) se arriman a la bonanza del “becerro de oro” y la política de favores. Su inmoralidad protege la inmoralidad de los otros, otros.

Y entonces ¿qué nos queda? Tal vez, seguir golpeando cada vez con más fuerza esa puerta blindada que establece una barrera insalvable entre los problemas y las injusticias cotidianas a las que el ciudadano anónimo se ve sometido y aislado, del ruido donde se refugia “la creme de la creme” de los políticos y su bla, bla, bla... que empacha, marea y hace vomitar como la enigmática sonrisa de Camps, Costa, y otros...



Virginia Téllez Rico
Profesora IES (Antequera)

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viernes 22 de mayo de 2009

NCT rechaza el PGOU de Antequera

COMUNICADO DE PRENSA

PSOE Y PP SE UNEN EN ANTEQUERA PARA APROBAR OTRO PGOU DEL “URBANISMO DEL PELOTAZO”

RECALIFICAN MÁS DE 8 MILLONES DE M2 DE VEGA DE REGADÍO


La Coordinadora NUEVA CULTURA DEL TERRITORIO, denuncia los intentos de urbanizar la Vega de Antequera, el mayor espacio agrario de calidad que le queda a la provincia de Málaga.

PP y PSOE, se alían para dar un enorme pelotazo urbanístico recalificando más de 8 millones de m2 de suelo de Vega, para montar lo que llaman “la Ciudad de la Innovación y la Tecnología Agroalimentaria”, y atravesar con el AVE la Vega, provocando hasta tres bolsas urbanísticas, cuando es soterrable por el actual corredor ferroviario.

Es escandaloso que en plena crisis de la construcción se siga apostando por el sector inmobiliario proyectando más de 5.000 nuevas viviendas en un municipio donde al parecer hay 2000 viviendas desocupadas o a la venta y otras 5000 construcciones "irregulares" según informes del propio Ayuntamiento.

Se sigue apostando por la promoción inmobiliaria, un nuevo campo de golf, camuflando de ampliación del existente y apostando por el urbanismo disperso con recalificaciones a urbanizable no sectorializado junto al Hotel de la Magdalena de una extensión equiparable al actual núcleo de Antequera.

Es vergonzoso que con millones de parados provocados por los abusos urbanísticos, desde una institución municipal con el apoyo de los dos grandes partidos, se promueva un PGOU que busca seguir fomentando la especulación que favorece intereses muy privados y que da la espalda a la economía real, destruyendo suelos agrarios de primera calidad.

Todo esto ocurre cuando es la agricultura la principal actividad que mantiene empleo y crea riqueza en la comarca, y es uno de los sectores mejor posicionados para crecer e innovarse.

Este PGOU que aprobaron PSOE y PP ha recibido tres informes negativos de la Junta de Andalucía, de Cultura, Aguas, Ordenación del Territorio, todo esto señala la barbaridad que quiere ejecutarse en el municipio de Antequera.

Las empresas de transformación agropecuarias son un éxito en Antequera como Al Sur, Horticultores Torcal, Hojiblanca, ó Lácteos la Vega, y a pesar de ello el alcalde del PSOE y el PP nos proponen urbanizar la Vega e intervenir en más de 8 millones de m2 de vega.

Lo disparatado de la propuesta se demuestra al compararlo por ejemplo con el Parque Tecnológico en Málaga de 500.000 m2 o el Agroalimentario de Vélez Málaga de 230.000 m2. ¿a que responde este afán de recalificar millones de m2 de Vega, en plena recesión del sector inmobiliario?.

Este no es un PGOU para salir de la crisis, sino para el conocido negocio de recalificar y vender. Necesitamos planes sostenibles ambiental y económicamente, e Instituciones que defiendan los intereses generales y no el de los grupos de inversores. El PP y el PSOE de Antequera han demostrado no estar a la altura del tiempo político. No comprenden la nueva realidad económica ni social, ni el sentir mayoritario de la sociedad malagueña y andaluza, que pide y exige un urbanismo humanizado que preserve los escasos espacios agrarios que aún nos quedan.

NUEVA CULTURA DEL TERRITORIO Coordinadora Malagueña
http://nuevaculturaterritorio-malaga.blogspot.com/

correo: coordinadoranct@gmail.com

Ampliar información: José Galán 654 967 954

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viernes 15 de mayo de 2009

Autopistas y politiquillos

AUTOPISTA Y POLÍTIQUILLOS

A Casabermeja, a este pequeño municipio, le ha llegado una nefasta fama: la de albergar el destrozo mayúsculo, la autopista del sinsentido, de la codicia de los que gobiernan, de los que buscan perpetuarse en el poder o desbancar al otro para hacer lo mismo. Aunque no se lo crean, existe, pequeño y sin fuerzas, un Ayuntamiento que no ha dejado sentir su voz, que no ha denunciado, que no ha chistado hasta ahora, ante tanta tropelía y tantas normas legales incumplidas. Pues bien, empieza este Ayuntamiento a darse cuenta de la barbaridad con la que se está haciendo esta infraestructura para honor y gloria del Gobierno Central. Barbarie ecológica y humana. Pero, Sacyr, no tiene rostro y, como tantos sinvergüenzas que brotan como setas en este país, goza de impunidad. Lo peor es que aquí, en Casabermeja, nos enfrentamos con politiquillos cuya formación no va más allá de programas de corazón y de gestos grandilocuentes y vacuos propios de circos baratos. ¿Qué podemos esperar, pues, de una izquierda desideologizada, y de una derecha amante de gestos más apropiado de programas de telebasura para una audiencia ávida de espectáculos que animen su rutina? Mientras entre ellos se enfrascan en inútiles rivalidades, dirimiendo, midiendo quién la tiene más grande, quién arranca el aplauso del público que acude a la farsa, (una farsa más propia de niños en etapa de formación que de personas maduras) algunos vecinos observamos impotentes y con profunda tristeza cómo mantenemos a una pandilla de inútiles, cuyo cerebro todavía anda en pañales. ¿Es ya demasiado tarde para actuar? Sacyr es como Dios: está en todas partes y en ninguna, no tiene rostro, es resbaladizo, taimado y omnipotente. ¿Quién es el responsable? ¿En qué paraíso o infierno anda escondido? No hay interlocutor que escuche nuestras plegarias, ni la de un Ayuntamiento acosado por menudencias de la oposición a la que le importa un carajo el daño y la destrucción que está causando esta malhadada autopista.



Virginia Téllez Rico
Plataforma Autopista No (Casabermeja)

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sábado 11 de abril de 2009

Autopista Las Pedrizas ¿Peor imposible?

AUTOPISTA DE PAGO LAS PEDRIZAS-MÁLAGA
¿PEOR IMPOSIBLE?


La construcción de esta autopista es la historia de una cadena de despropósitos propio del modelo de sociedad que ahora está en crisis. El primer impulsor de esta infraestructura fue Álvarez Cascos, cuya política neoliberal y en pro del capitalismo salvaje hacía inútil cualquier protesta. Nos congratulamos cuando cayó el PP, ya que aún nos quedaba cierta inocencia para creer, o es que queríamos creer que, cuando Miguel Ángel Heredia declaraba que esta obra era una barbaridad injustificada e innecesaria, ellos frenarían en caso de ganar las elecciones. Nosotros, no nos avergüenza decirlo, tuvimos esperanzas. ¡Qué ilusos! Después, cuando efectivamente ganaron, se convirtió en uno de sus proyectos más publicitados, usando el poder de los medios para crear una opinión favorable en una sociedad propensa a tragarse lo que le echen, sin ahondar más allá. La indignación y la rabia nos llevó a muchos foros, incluso al Ayuntamiento de Málaga, donde un Enrique Salvo Tierra, tal vez avergonzado al vernos las caras, confirmaba la sentencia en pro del “bien común”.
En nombre de una falacia, como es la preocupación insistente en sus discursos por el cambio climático y por una política proteccionista de la Naturaleza, el Gobierno se inclina por la construcción de obras faraónicas que destruyen lo que afirman proteger.
Nuestras esperanzas en el sistema de justicia democrática han ido languideciendo a lo largo de esta lucha desigual y agotadora. Vivimos en nuestra piel, o mejor sufrimos, esta sangrante y cínica contradicción de nuestros gobernantes. Es cierto, la están haciendo y ¡de qué manera! Ni siquiera nos queda el consuelo de que se respete la normativa dictada por el Ministerio de Medioambiente y publicada en el BOE. ¡Qué gasto tan inútil de papel! Esta normativa no es más que papel mojado, un puro trámite administrativo que les da vía libre para hacer lo que quieran y como quieran, pero que nadie ha pensado, ni por asomo, en cumplir, ni en exigir que se cumpla, excepto nosotros. Basándose en esta normativa , que, parece ser, se adapta a los requisitos exigidos por la UE, nuestras denuncias en el Parlamento europeo han sido desestimadas. No obstante, hemos visto y vemos continuamente cómo la empresa responsable de la obra, Sacyr, o no parece conocer la normativa, o, simplemente la ignora. Por lo visto, la justicia sólo penaliza al ciudadano de a pie, políticos y empresarios son inmunes.
La lista de incumplimientos es interminable. Según el BOE se evitarán vertederos de tierra sobrante (antes no sobraban) de los desmontes en la zona. El problema de toneladas de tierra procedente de los montes horadados y desaparecidos no estaba resuelto al inicio de la obra. El BOE señalaba que habría que buscar una solución antes de empezar los trabajos de destrucción. Sin embargo, nunca se hizo. De hecho, el valle se ha llenado de vertederos incontrolados. “La política de favores” ha sido el denominador común. La empresa ha llegado a acuerdos ilegales con los vecinos, ampliando sus parcelas a cambio de vertederos, o bien actuando con alevosía en zonas que nadie controlaba. El Ayuntamiento de Casabermeja, también ha buscado la parte de favores que le corresponde, dejando al campo y a su gente a su mala suerte... De la “generosidad” de la empresa, queda como testimonio una cancha polideportiva en el pueblo, amén de la posibilidad de una entrada a la autopista que sirve para comprar el silencio de unos y otros. Entretanto el campo se va erosionando como nunca antes lo habíamos visto, enormes cahorros que vierten, ausente de protección vegetal, la tierra suelta sobre el cauce del río. Posiblemente cientos de toneladas de tierra erosionada colmatan ahora los fondos del pantano de Casasola.
Poco se ha entendido entre los vecinos y, quizás, en el propio Ayuntamiento, nuestra postura. En un momento de la lucha se nos aisló, la propia empresa puso a los vecinos en nuestra contra diciendo que les habíamos denunciado a causa de los vertederos. Era una artimaña más de la empresa Sacyr, pues aunque los vecinos desconocieran la ley, ellos sí la conocían y actuaban en clara ilegalidad. Hemos sufrido amenazas por intentar proteger lo que nadie protege. Árboles y plantas arrancados de cuajo, vaguadas cegadas, otras brechas en el territorio abiertas, esta vez, por el agua que busca nuevas salidas. Naturaleza muerta, asfixiada por toneladas de tierra, sin que nadie alce una voz por ella.
¿Cuánta agua necesita una obra de tamaña envergadura? Pensad que se inició en un año de plena sequía, donde se hablaba de restricciones y el agua escaseaba. Hubo numerosos accidentes con el paso de la maquinaria pesada. Se rompieron tuberías de las que salía el agua a borbotones durante horas, mientras los vecinos mirábamos impotentes, y nos quedábamos sin el preciado líquido. ¿De dónde sacaban tanta agua? Han construido balsas para su abastecimiento, el río, que es de todos, se privatiza para los intereses de Sacyr y su autopista. Los cauces de los ríos se han visto afectado por la tierra arrastrada de los desmontes, han sufrido estrechamientos, desvíos, la vegetación de ribera arrancada, amén de la basura que arrojan los trabajadores (tetabricks, plásticos, hierros, tablas, papeles, cascos, guantes, latas de cerveza o de refrescos vacías, envases de comidas precocinadas...). En verano, debido a la escasez de agua, y a lo agresivo de las obras; camiones gigantescos de día y de noche levantaban enormes nubes de polvo en medio de un ruido ensordecedor. Finalizada la jornada laboral, llegaba el camión de riego. Entonces, supimos que el desprecio a la Naturaleza es extensivo a las personas que aquí vivimos. Un olor nauseabundo se extendía por el Valle. Olía a mierda pura y, efectivamente, comprobamos que nos estaban regando con aguas fecales. Por eso, durante el día nos masacraban moscas y mosquitos. Pusimos la correspondiente denuncia a la Delegación de Sanidad quien nos contestó que el asunto no era de su competencia sino de la Agencia andaluza del agua que ni siquiera contestó.
Hemos denunciado también las afectaciones al cauce del río Cauche. ¿He de decir que la respuesta ha sido el silencio? También hemos presentado la correspondiente denuncia en la Fiscalía de Medioambiente, nada...
Es difícil, para el que no ha pasado una experiencia como esta imaginársela, ver que diariamente te cambian el paisaje querido por una monstruosidad de hormigón e hierro, ver con qué impunidad se hacen las cosas, con qué indefensión para los que quieren que la ley se cumpla, y son vistos como enemigos por las administraciones, la empresa, los vecinos y el propio Ayuntamiento. Incluso el horario de “trabajo” de los trabajadores ha sido y es un motivo más de lucha. El BOE estipula que sea de 8 a 22 horas como máximo. Sin embargo, empiezan y terminan cuando les da la gana. A veces nos despiertan a la seis de la mañana las máquinas, los martillazos, las hormigoneras, o están trabajando más allá de las 12 de la noche. Sin contar con los barrenos a las tres, las cuatro, las cinco de la madrugada... La casa tiembla, nos sentimos asediados en una batalla que no hemos elegido, como tantas... Hemos protestado a la empresa, hemos llamado a la Guardia Civil, hemos presentado escritos en el Ayuntamiento. Nada.
Seguimos en minoría, buscando un hueco donde quieran oírnos, porque nos negamos a guardar silencio, el silencio nos hace cómplices, y hay que hablar, hay que denunciar en una sociedad adormecida, anestesiada, acunada por los discursos del poder. Mi última carta ha sido para el Defensor del Pueblo Andaluz. Me ha contestado que la construcción de esta autopista no es competencia del Gobierno andaluz sino del Ministerio de Fomento y del de Medioambiente. ¡Magnífico! Los andaluces no tenemos nada que decir de lo que ocurra en nuestro esquilmado territorio. La persona nombrada por Fomento para vigilar que se cumpla la Declaración de Impacto, actúa más como representante de la empresa que como responsable público encargado de evitar tantos desmanes.
Para colmo, es posible que la obra se quede parada por años, y los montes y los cauces descarnados. Sacyr no tiene dinero suficiente. Debe a varias subcontratas que le piden más dinero para continuar. Por otro lado, está solicitando/chantajeando a la Administración más tiempo de concesión y posiblemente también dinero para seguir las obras.
En definitiva, esta autopista obedece, como tantas otras infraestructuras, a oscuros y sucios intereses políticos y económicos, que no al bien común. Una autopista que se está haciendo sin las mínimas medidas de protección al medio, sin respeto ni a la Naturaleza, ni a las personas que no se quieren vender; cuyos desmanes se hacen con la connivencia y el silencio del poder, un poder que se autoproclama defensor de la Naturaleza y que amenaza con nuevas barbaridades, como si la única forma de salir de la crisis fuera agudizar el mal que nos ha llevado a ella



Virginia Téllez Rico
Plataforma Autopista No (Casabermeja)

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viernes 10 de abril de 2009

La Eurocámara advierte a España

LA EUROCÁMARA ADVIERTE A ESPAÑA

En un reciente informe se hablaba que la corrupción urbanística afecta al setenta por ciento de los municipios españoles y de que dicha corrupción afectas a todos los partidos, por lo tanto es la ley de Regimen Local lo que está mal hecho, la misma que permite que un alcalde goce casi de impunidad y tenga un enorme poder. Nos quejamos de que Hugo Chavez intente perpetuarse en el poder, pero que podemos decir de los políticos españoles que se quedan en los puestos indefinidamente y en algunos casos, como las alcaldías, las han hecho heredables de padres a hijos.

De nuevo la corrupción urbanística española ha sido objeto de debate en Europa y ha motivado una condena del Parlamento Europeo y una amenaza de congelación de los fondos estructurales si no se corrigen los excesos. Las frases dentro de la condena son duras, se habla de “abusos urbanísticos” de “desarrollo insostenible que genera una corrupción endémica”, de que la justicia española “no está preparada y propicia figuras legales que fomentan la corrupción”. Critica concretamente los casos de Marbella, Estepona y la zona de Levante.

Esta resolución es la tercera que elabora en cuatro años el parlamento europeo.

La imagen de nuestro país está quedando muy deteriorada, se ha engañado descaradamente a inversores europeos y se está destruyendo nuestra principal industria, el turismo basado en las playas y en un paisaje bien conservado, si a ello añadimos que la generación de trabajo se basaba en la construcción y que el turismo está empezando a mirar hacia otras zonas mediterráneas como el norte de África, Croacia y la antigua Yugoslavia, bien podemos pensar que estamos matando a la gallina de los huevos de oro.
Como ejemplo del concepto que tiene de esta nación puede servir la siguiente fotografía que preside la sede de Consejo de la UE, España es una hormigonera vertiendo cemento.


Andrés Rodríguez González. Profesor IES (Ronda)
Asociación Rondeña de Amigos de los Caminos Andaluces

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martes 3 de marzo de 2009

El alcalde de Alcaucín dió el cante

POBRECITOS LADRONES

El caso Malaya estalló salpicando de sospechas a toda la Costa del Sol. Los políticos se apresuraron a tranquilizar a la población diciendo que “Marbella no es España”, a pesar de que muchos sospechábamos que aquello no era más que la punta del iceberg. Lo triste y terrible de la connivencia de los poderes políticos y económicos en sembrar el paisaje de cemento es lo irrecuperable de ese patrimonio que creíamos pertenecía a todos, incluidas las generaciones presentes y futuras. Hemos contemplado con estupefacción y rabia con qué facilidad el poder daba vía libre a demasiadas tropelías urbanísticas enmascaradas en “intereses generales”, “bien común” y otras tantas sandeces para un público o un pueblo poco dado a la reflexión, acomodaticio y que miraba el mundo según los cánones previstos por la sociedad de mercado. La misma que ahora se está hundiendo. No creo que esta desvergüenza sea característica de la idiosincrasia de los andaluces y sus gobernantes, sino que el virus de la codicia se ha extendido por todo el territorio nacional. No hay más que darse un paseo por el Levante, o por los Pirineos aragoneses, o por Galicia, o por la Comunidad de Madrid, o por… ¿Es que nuestros políticos están ciegos? ¿O es que también ellos tenían prebendas?.

Que algunos hayan tenido la desfachatez de decir que se meten en política para forrarse, es un insulto intolerable, un escupitinajo en la cara de todos los españoles, o, al menos, de los que amábamos la tierra que nos han robado estos miserables. No obstante, esa bestia negra que es la ignorancia sigue aplaudiendo a sus ladrones, de ahí que el alcalde de Alcaucín y su cohorte de corruptos que han transformado la Axarquía en su negocio lucrativo, sean aplaudidos por su pueblo e, incluso, se muestren solidarios porque “el alcalde era bueno y estaba dispuesto siempre a hacer favores, normal que después le recompensáramos”. También Julián Muñoz despierta simpatías en el sentir popular. ¡Pobrecito ladrón y encima la novia le deja!.

A veces, me cuesta dar crédito a lo que veo y lo que oigo. Aún queda mucha mierda bajo la alfombra; algunos mafiosos que se codean estrechamente con el poder, pasean su rostro imperturbable ante las cámaras, sabiendo que si él cae, otras torres más altas caerán con él. Cuántos lugares privilegiados de este país han dejado de existir para siempre, vendidos por esta rapiña que duerme encima de su botín. Es el legado de la codicia.


Virginia Téllez Rico
Plataforma Autopista No (Casabermeja)

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miércoles 18 de febrero de 2009

Se rompe el saco

SE ROMPE EL SACO

Sin duda alguna la cuestión palpitante ahora en nuestro mundo es la crisis. En los hogares y en las empresas se sufren las consecuencias; en los parlamentos, en los medios y en las tertulias se analizan sus efectos y, sobre todo, sus causas. Pero la explicación clara y definitiva nos la ofrece la sabiduría tradicional: LA AVARICIA ROMPE EL SACO. Pese a no ser sinónimos, hoy la palabra “codicia” se asocia inevitablemente con la palabra “crisis”.

La crisis, por supuesto, es la financiera. Hay otras, algunas tan graves como la alimentaria o la climática, pero la financiera las eclipsa. Prueba de ello es la conferencia mundial de la FAO: no consiguió reunir ni siquiera veinte mil millones para aplacar el hambre de los países pobres mientras que para enmendar los disparates y estafas de la gente rica han salido cientos de miles de millones (y todavía siguen saliendo) de los paraísos fiscales, las cajas secretas, las hábiles contabilidades y otros ardides de la ingeniería financiera. Los banqueros aparecen como “los malos de la película”, pero se olvida que no operan en el vacío sino dentro de un sistema y en estrecha interdependencia con él, lo mismo que el corazón en el cuerpo humano. Los banqueros se han excedido, sin poder evitarlo, porque el sistema es codicioso por naturaleza. Esta crisis no es una enfermedad en un cuerpo sano y robusto, sino al revés: toda la estructura de ese cuerpo social está desquiciada. La crisis no es una fiebre juvenil sino una deficiencia senil.

No es que el capitalismo sea malo sino que está agotado y se revela incapaz ante un mundo diferente del que le hizo nacer. En sus comienzos, hace cinco siglos, su codicia radical le impulsó a descubrir océanos, colonizar continentes, alentar un humanismo frente a oscuridades teológicas, sembrar ideas con la imprenta y fomentar el pensamiento y la riqueza: el sistema de vida occidental se hizo con el dominio del mundo. Pero esa misma codicia ha socavado la prosperidad con su exageración permanente, convirtiéndose hoy en la avaricia del anciano que se abraza a su bolsa llena con temor de perderla pero todavía ansioso de aumentar el botín.

La codicia siempre exagerada y el capitalismo insaciable carecen del sentido del límite. En la antigua Grecia respetaban a una diosa, Némesis, guardiana de los límites y perseguidora de sus transgresores. Otras culturas han ensalzado la serenidad y el equilibrio, la vida tranquila o la armonía con la Naturaleza, pero la codicia capitalista no está satisfecha y llama progreso al aumento constante de bienes y productos. La población mundial se ha triplicado a lo largo del siglo XX, sin que los recursos naturales hayan podido crecer lo mismo. Diversos estudios, que coinciden en lo esencial, muestran que desde fines del pasado siglo la regeneración de los productos naturales de la Tierra ya no restituye el consumo. Se piensa más o menos que sólo para dar a toda la población el nivel de vida de España haría falta tres planetas como el nuestro.

La palabra CODICIA tiene una acepción taurina que alude al ímpetu con el que embisten algunos toros y, ese significado es aplicable al capitalismo, que es esencialmente predatorio, sin respeto a la naturaleza ni tampoco a las personas. Desde que en sus orígenes el hombre se erigió en el Rey de la Creación, ha explotado sin reserva los recursos del planeta. Todavía en los primeros tiempos el famoso médico y filósofo, Paracelso insistía en que a la naturaleza se la vence obedeciéndola, pero esa precaución pronto quedó olvidada, en contraste con otras culturas, que consideran sagrados un árbol o una fuente. Ni siquiera se respeta siempre al prójimo, se violan los derechos humanos a pesar de proclamarlos. Con la globalización el dinero, valor supremo del sistema, circula sin barreras, mientras el movimiento de las personas se restringe con métodos tan anacrónicos como erigir vallas y muros.

Ante tanta prosperidad en las grandes urbes de los países desarrollados muchos se resisten a admitir la decadencia de tal poderío. Olvidan con eso la experiencia histórica de todos los grandes imperios. Desde Asiria y Babilonia hasta nuestros días, tuvieron su decadencia y ocaso. Fenómeno descrito magistralmente hace ya seis siglos por Aben Jaldún, un musulmán cordobés autor de una historia de los bereberes. Otro andaluz, el poeta Rodrigo Caro, acuñó ante las ruinas romanas de Italica estos hermosos versos “Las torres que desprecio al aire fueron/a su gran pesadumbre se rindieron.”

El capitalismo se rinde ya a su codicia. Hace cinco siglos Europa era una explosión de afanes en aventuras creadoras. Las gentes se embarcaban en frágiles navíos y cruzaban océanos para llegar a tierras ignotas; los mercados prosperaban en las ciudades, las universidades se multiplicaban y la imprenta sembraba ideas nuevas y audaces. Aquel espíritu de aventura se ha convertido hoy en un afán de seguridad y en un repliegue a refugios protectores sacrificándose las libertades a una supuesta seguridad. Occidente vive ahora en el miedo y hasta los ciudadanos del país más poderoso de la tierra viven en constante temor, soportando controles y restricciones.

También Roma, dominadora del mundo de su tiempo acabó desmoronándose y cayendo en un estado de barbarie y desorden. No estamos muy lejos de una situación semejante, porque la barbarie consiste en la destrucción de los valores básicos de una cultura y eso precisamente está ocurriendo en nuestro tiempo. Asistimos a violaciones de la Justicia y los Derechos Humanos, ataques a la libertad, simulaciones de democracia, deconstrucciones de la familia y hasta las mismas religiones y sus iglesias tienen sus crisis. Pero, imperturbable, la codicia continúa.

¿Caerán en saco roto estas observaciones? Es de temer que sí, como la de tantos otros, pues no soy el único en formularlas. Ya lo dijeron los clásicos: “los dioses ciegan a aquellos a quienes quieren perder”, pero lo vean o no, la codicia está rompiendo el saco.



José Luis Sampedro
es escritor y economista
en Miradas de su página personal

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martes 17 de febrero de 2009

Darwin y la crisis medioambiental

CHARLES DARWIN Y LA CRISIS MEDIOAMBIENTAL

A partir de la pregunta: ¿qué habría pensado Darwin de la situación ambiental actual?, el autor reflexiona sobre las crisis ecológicas, los aspectos éticos que rodean los retos ambientales globales y el hecho de que las enseñanzas sobre cómo somos y de dónde venimos de Darwin son una fuente de inspiración y un referente para construir el futuro.

Los editores me han planteado una pregunta difícil de responder: ¿qué habría pensado Charles Darwin de la situación ambiental actual? No se trata, claro está, de jugar a las adivinanzas: ni soy Darwin ni tengo su inteligencia y, además, ¿cómo se puede trasladar una mente del siglo XIX a la situación actual? Seguramente, le costaría un poco hacerse cargo de todo lo que ha cambiado en la realidad social y ambiental en un siglo y cuarto. Darwin era un inglés acomodado, que no necesitaba trabajar. Tenía ideas en general conservadoras (pese a la revolución intelectual que protagonizó). Estaba radicalmente en contra de la esclavitud, eso está claro. Aun así, no diré que fuera racista, pero tampoco era igualitarista, y seguro que le sorprendería mucho el gran cambio del papel de la mujer en las sociedades ricas actuales, pese a que ya empezaba a percibir una evolución en las ideas de las mujeres en temas como los religiosos, incluso comparándolas con las que observaba su padre.

En cualquier caso, creo que Darwin habría estado satisfecho de ver de qué modo ha sido aceptada por los científicos su explicación de la evolución por selección natural. Él, que no había dudado nunca que su explicación fuera válida, sí que creía, hacia el final de su vida, que quizás podían actuar otros mecanismos en la evolución, además de la selección natural, especialmente mecanismos de carácter lamarckiano, es decir, que caracteres derivados del uso y el aprendizaje a lo largo de la vida podían ser transmitidos de algún modo, en ciertos casos, a la herencia. Hoy, únicamente la selección natural es aceptada por los científicos. Darwin ha vencido a Lamarck más de lo que pensaba.

Darwin entendió inmediatamente que sus conclusiones tenían que aplicarse al hombre. En El origen de las especies no discute la génesis de ninguna especie en particular, pero, por honestidad intelectual, se sintió obligado a hacerlo en el caso del hombre, para que no le pudieran reprochar la ocultación de sus ideas (así lo escribe, casi textualmente, en su Autobiografía), y lo hizo en El origen del hombre y en La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. No es demasiado osado deducir que Darwin habría aceptado plenamente el paso que dio posteriormente la ecología: es decir, situar al hombre como un elemento dentro de los sistemas ecológicos, por más que pueda llegar a ser el elemento dominante y modificar mucho estos sistemas. En realidad, este punto de vista de la ecología no es más que un complemento lógico de la revolución copernicana que Darwin protagonizó sobre la posición biológica del hombre.

Darwin, Malthus y los límites de la biosfera
Si partimos de esta idea, podemos entender mucho mejor lo que está pasando con la cuestión ambiental, y, sin duda, Darwin lo habría captado fácilmente. Asimismo, recordemos que Darwin había tomado prestada de Malthus la inspiración más clara para entender la selección natural, y el eje de la argumentación de Malthus gira en torno a cómo las disponibilidades de recursos del medio condicionan el crecimiento o decrecimiento de las poblaciones. Malthus ha sido muy atacado, y los ecologistas muy a menudo también, por proporcionar argumentos maltusianos, sobre un punto crucial. Malthus preveía un desastre porque el crecimiento de la producción alimentaria era más lento que el de la población. Los críticos dicen que Malthus no pudo imaginar el potencial tecnológico de aumento de la producción que, en general, se ha mantenido por encima del de la población. Esta crítica refleja, en efecto, lo que ha pasado históricamente. Aun así, es difícil enterrar definitivamente a Malthus. La cuestión de los límites de la biosfera para mantener a los humanos y sus actividades ha estado presente constantemente. Hacia los años setenta del siglo pasado, el informe Meadows encargado por el Club de Roma sobre Los límites del crecimiento causó un gran revuelo.

Los ecólogos elaboraron este tema de la capacidad del medio para sustentar a una población determinada hace ya muchos años. La idea básica es que la población de cualquier especie, cuando no sufre limitaciones en cuanto a recursos, tiende a crecer de una forma exponencial; pero, cuando los recursos se vuelven limitadores, se produce una desaceleración del crecimiento del número de individuos, el cual tiende a estabilizarse alrededor de un máximo determinado por lo que denominan la capacidad de carga del medio concreto del que se trate para aquella población. Entonces, en lugar de una curva exponencial para el crecimiento de la población, tenemos una curva logística (véase la figura 1): la población llega a un valor K, que es el número máximo de población que puede vivir de forma estable con los recursos disponibles.

En este concepto no estamos lejos de Malthus: en definitiva, hay un momento en que el medio no puede sustentar a más población. Pero en el caso de la especie humana, lo que ha sucedido es que, continuamente, las innovaciones tecnológicas han aumentado la producción, o sea, la disponibilidad de recursos, de forma que K ha sido empujada más y más arriba. Esto ha sido espectacular durante el siglo XX, en el que la población humana ha podido quintuplicarse. Tras permanecer quizás ciento cincuenta mil años en una densidad muy baja, mientras que la gente se alimentaba de la cosecha y la caza, hace unos diez mil años la domesticación de plantas y animales permitió un primer gran salto demográfico y el paso a sociedades agrícolas y urbanas y a imperios militares, ya que había un gran excedente de producción de alimentos (por encima de lo que se necesitaba para alimentar a quienes cultivaban los campos, se ocupaban de los rebaños, recolectaban y cazaban).

En el siglo XVII, la implantación generalizada de nuevas técnicas agrícolas de regadío y cultivos múltiples permitió un nuevo salto demográfico. El libro de Malthus sobre la población es de 1798. Él veía que había un aumento de la producción, pero pensaba que el potencial de crecimiento de la población siempre sería superior y que, tarde o temprano, habría problemas de abastecimiento. De hecho los había, debido a la distribución desigual de los recursos, por lo que el problema de las pésimas condiciones de vida de la gente pobre le preocupaba mucho. Pero lo que Malthus no llegó a ver fue la explosión que, en la producción de todo tipo de recursos, llegaría a suponer la disponibilidad de combustible barato en cantidades casi ilimitadas, gracias a la explotación de los combustibles fósiles que empezaba a insinuarse en un futuro muy próximo cuando escribía su libro. No obstante, el concepto de que el mundo es limitado y únicamente una parte de los individuos de una especie logra los recursos que necesita, y el resto de individuos son eliminados, es la base de la selección natural.

La euforia del «progreso» que, producida por la energía barata, se inició con la era industrial hace menos de doscientos años ha continuado hasta hoy. Esta energía ha permitido no sólo mejorar las producciones locales, sino también realizar intercambios y explotar recursos en cualquier parte del mundo. A la vez, se han extendido problemas que antes eran limitados: las emisiones a la atmósfera, la deforestación, la desertización, que se agoten muchos recursos pesqueros... Se ha ido empujando a la K de la población humana hacia arriba, pensando que Malthus estaba muy equivocado al pronosticar que se agotarían los alimentos. Aun así, igual que, hasta ahora, siempre se ha encontrado la forma de aumentar los recursos, se ha ido forzando más y más el sistema. Actualmente, la población pasa de los siete mil millones de personas. Lo que la sustenta, lo que sostiene que, además, una parte en aumento de esta población viva en ciudades y sólo una parte pequeña permanezca dedicada a la producción de alimentos, es la energía barata. Hemos globalizado el ecosistema del que dependemos. El 95 % del transporte horizontal que permite esta situación depende del petróleo, un recurso que, actualmente, encontramos mucho más despacio de la rapidez con la que lo gastamos (un barril nuevo descubierto por cada tres gastados, aproximadamente). Esto hace que nuestra situación sea muy frágil.

Los desarrollos técnicos vinculados al precio en aumento del petróleo pueden hacer: a) que se intensifiquen las inversiones para buscar y refinar petróleo (hasta ahora no salía a cuenta y durante décadas se ha invertido poco, lo que puede explicar en parte que hayan mermado los hallazgos de nuevos yacimientos); b) que se exploten las grandes reservas de arenas y esquistos bituminosos (como los que hay, por ejemplo, en Canadá) y que se aumenten procesos como la licuefacción del carbón, cuyas reservas tienen un volumen muy importante, aunque el uso de estos tipos de combustible comportaría un gran aumento de las emisiones; c) que se extienda el uso de motores combinados y así promover un abanico de formas más sostenibles para producir electricidad. Si esto puede hacerse, las previsiones maltusianas volverán a quedar, cuando menos, aplazadas por un tiempo difícil de determinar.

Si no, el colapso del transporte llevaría a una caída repentina de la K, puesto que ahora confiamos en la comida y otros materiales producidos a miles de kilómetros, con consecuencias trágicas: habría un excedente de muchos millones de personas sobre la capacidad de los recursos para mantener a humanos en la Tierra. Sin duda, esto supondría hambrunas, guerras y epidemias, y un brusco descenso demográfico. Entonces, finalmente, deberíamos dar la razón a Malthus. Naturalmente, hay esperanzas de que esto no pase, pero no es imposible. De hecho, no hace falta que se agote el petróleo. Basta con que los precios sigan subiendo, por escasez o por especulación, y que las soluciones tecnológicas alguna vez lleguen tarde, cuando ya se haya producido el temido colapso. Globalmente, no ha pasado nunca, y esperamos que no pase, pero sí que ha ocurrido muchas veces en situaciones históricas concretas y locales.

Darwin y el cambio climático
Si continuamos disponiendo de energía más o menos barata, el riesgo al que nos tendremos que enfrentar es al del cambio climático. El hombre, dentro de su ecosistema globalizado, produce alteraciones de ámbito planetario. Las soluciones piden una mitigación de las emisiones, que implica cambios profundos en la economía, y un esfuerzo para detectar nuestras vulnerabilidades ante los procesos de cambio en el medio (no sólo el clima, sino también los océanos y la pérdida de biodiversidad).

Darwin, entendiendo la posición del hombre dentro de los sistemas ecológicos, se daría cuenta sin duda de lo que está pasando. Y es que Darwin había hecho muchos estudios geológicos y paleontológicos. Sabía que la vida sobre la Tierra ha tenido una historia dinámica, de continuos cambios. Él era un seguidor de Lyell, que en aquellos tiempos había dado una visión gradualista de estos cambios, contraria a la creencia generalizada de sus predecesores en los cambios catastróficos, de los cuales el diluvio bíblico era un paradigma clave. Darwin, durante su viaje a bordo del Beagle, buscó con FitzRoy pruebas del diluvio, pero acabó descartando la idea, a medida que observaba pruebas de múltiples cambios del nivel del mar atribuibles a fenómenos continuos, graduales, de levantamiento y subsidencia, en la línea de lo que decían los Principios de Lyell, obra que tenía como libro de cabecera.
Hoy en día, Darwin quizás debería revisar sus ideas gradualistas. Las grandes extinciones que hay en el registro fósil de la historia de la Tierra parece que evidencian al menos algunos procesos catastróficos, de los cuales se han dado varias explicaciones, la más conocida es la caída de un cometa o meteorito grande (que se podría haber repetido en varias ocasiones), con muchas pruebas a favor en el caso del final del Cretáceo. Darwin estaría preparado para entender que el hombre corre el riesgo de modificar el entorno en exceso, pero debería cambiar de idea sobre el gradualismo. Una idea muy apreciada por él, pero, como él mismo decía, se hartó de rechazar ideas apreciadas a medida que aparecían hechos que no se ajustaban a estas. Darwin seguramente hoy en día no sería un gradualista dogmático, aunque los procesos graduales sean los que dominan durante la mayor parte del tiempo. Alguien ha dicho que la historia de la vida en la Tierra se asemeja a la percepción que tienen los soldados de las guerras: largos momentos de tedio (cambios graduales lentos), sacudidos muy de vez en cuando por instantes de pánico (cambios repentinos). Este tipo de comportamiento es muy habitual en todos los sistemas complejos.

Las extinciones: ¿sería Darwin conservacionista?
Sin duda, teniendo en cuenta sus antecedentes como paleontólogo, y dada la enorme importancia que tienen para entender el proceso evolutivo, Darwin estaría muy interesado hoy en las extinciones, y en particular en la denominada sexta extinción, la que el hombre está generando, sobre todo por la vía de la destrucción de hábitats. Probablemente, se dedicaría, como siempre hizo, a recopilar montones de datos. Estos serían conflictivos. Las especies que se sabe con certeza que se han extinguido completamente por la acción humana son todavía pocas, y Darwin detestaba la especulación sin base factual. Entonces, seguramente se callaría y seguiría acumulando información. Pero, sin duda compartiría el dolor que muchos naturalistas expresamos al ver cómo se aniquilan parajes bellos en los que hemos visto muchas especies sorprendentes y fascinantes.

Darwin sentía una profunda fascinación y curiosidad por las adaptaciones de las especies a la vida en su entorno. Eso lo afirmó reiteradamente, y, sin duda, es una fascinación que tuvo mucho que ver con el desarrollo de la teoría de la selección natural, que explica precisamente la finura de las prodigiosas adaptaciones de los seres vivos. No podría ver la destrucción de ambientes vírgenes en cualquier parte del mundo sin experimentar este dolor. Cada hecho biológico de la forma de vida más insignificante que, para la mayoría de los hombres, es una minucia sin importancia, para Darwin era una maravillosa fuente de información y un camino de comprensión de la naturaleza. Para nosotros, que hemos tenido ocasión de comprobar cómo mucha investigación posterior a Darwin desvelaba inesperadas virtudes farmacológicas o fantásticas soluciones de ingeniería, tendría que haber, además del interés teórico, muchos intereses prácticos para defender la conservación de las especies y sus hábitats. Pero, en cualquier caso, es posible que la motivación más grande para la conservación sea el conocimiento que podemos extraer de todos los seres vivos y de la forma en que se relacionan. Y Darwin ha sido una de las personas, quizás la que más, que nos ha enseñado a ver lo que podemos aprender de los demás seres vivos. Combinó observación, experimentación y reflexión teórica y, con estas armas, se convirtió en el hombre que más ha contribuido a cambiar la forma de pensar de una cantidad inmensa de humanos.

Personalmente, creo que Darwin se sentiría muy motivado por el argumento del conocimiento como razón para conservar la biodiversidad. A menudo se habla de salvar un organismo, un paisaje o ente natural, como los bosques tropicales o los arrecifes de coral, como si salvar el mundo fuese una función de la humanidad. Más valdría enfatizar la expresión No destruyáis que la expresión Salvad. Para no destruir debemos hacer que el entorno tenga un alto nivel de prioridad entre nuestros valores. El discurso no puede ser sólo utilitario, ya que puede haber razones prácticas, como beneficios o puestos de trabajo, que ahora mismo suelen estar por delante del entorno en la escala de valores. Deberíamos preservar los sistemas de sustento de vida porque son esenciales para nuestra supervivencia y nuestra actividad, porque podemos esperar beneficios económicos de ellos en el futuro (salud, industria, alimentación, turismo, etc.) y también, como decía, porque extraeremos muchos conocimientos de ellos.

Sobre la ética y la conservación
La conservación y la explotación de la biodiversidad generan conflictos de intereses. La explotación de la diversidad de los países pobres por parte de los ricos contribuye a enriquecer a los segundos aún más y a aumentar la desigualdad. La valoración de la biodiversidad como una propiedad de los países en los que esta se encuentra puede ayudarlos a desarrollarse (cambio de protección de la naturaleza por deuda externa o convenios de participación entre países biodiversos y países o empresas tecnológicamente avanzados en los beneficios obtenidos por la explotación de la biodiversidad). En cualquier caso, en el fondo, el conflicto se produce entre unos intereses supuestamente universales, defendidos por ciertas ONG y algunos organismos internacionales, unos intereses particulares de empresas –que pueden querer explotar la biodiversidad para sacar provecho de ella o considerar la biodiversidad como un impedimento para la realización de otras operaciones (mineras, energéticas, etc.)– y, finalmente, los intereses de las poblaciones locales (a menudo divididos por clases sociales). En cada uno de estos niveles se considerará que se defiende un punto de vista práctico. Por eso, con los argumentos prácticos no basta. Más allá de la reflexión práctica, es necesario pasar a la ética.

No es que la ética no tenga en cuenta las razones prácticas, al contrario, la ética lo que hace es decidir qué interés debe prevalecer. No hay valores éticos absolutos, la ética es una construcción cultural, quizás sobre unas raíces biológicas remotas, como la necesidad de garantizar la transmisión de genes, la seguridad del grupo y otras cosas muy básicas. A partir de este tronco común, la ética se diversifica, como las culturas. Hay grupos humanos que creen que la destrucción de cualquier vida es perversa y, por lo tanto, niegan al hombre el derecho a eliminar especies del planeta, pero otros no se plantean esta cuestión.

Darwin, en su Autobiografía, explica que, de pequeño, cuando hacía colecciones de insectos se planteaba si no debería limitarse a recoger insectos muertos, porque sus hermanas le habían convencido de que no estaba bien matarlos sólo para hacer una colección. De joven practicó mucho la caza, pero también esto le produjo alguna inquietud de carácter ético. Durante el viaje en el Beagle, acabó dejando que su ayudante se encargara de la obtención de ejemplares, indispensable para el estudio, en parte para ganar tiempo de trabajo, pero en parte por una creciente repugnancia a matar. No fue un pionero en el sentimiento de desazón por la muerte de seres vivos.

De hecho, la mayoría de culturas rechazan la destrucción gratuita, sea por placer o por negligencia, de cosas o de vidas. La valoración cambia cuando hay alguna necesidad imperiosa, e incluso la destrucción de vidas humanas se justifica en función de intereses colectivos en las guerras o en la aplicación de la pena de muerte. ¿Por qué no debería estar justificada la destrucción de espacios naturales o de otros organismos que no sean el hombre? Los campesinos pobres que queman la selva para cultivarla y dar de comer a sus hijos no pueden ser juzgados como la gran empresa que lo hace para abrir una explotación de minas, pongamos por caso. En ética, que es un código de coexistencia, los aspectos colectivos deben predominar sobre los aspectos particulares (excepto si lo que es aparentemente individual representa, en realidad, un bien mayor colectivo, o sea, cuando el derecho del individuo se extiende, en realidad, a todos los individuos).

¿Es aceptable la destrucción si tiene finalidades como la supervivencia propia y de la familia? Al fin y al cabo, gran parte de la deforestación tiene este origen: la explosión demográfica y los conflictos bélicos tienden a dispersar la presión humana en ámbitos que antes estaban poco penetrados por la actividad humana. ¿Puede construirse una ética que ponga en primer lugar la defensa del medio, cuando hay tantas razones sociales para que la fuerza mayor del hambre o la miseria acaben postergando sus argumentos? Para mucha gente, resulta evidente que la destrucción de la selva para hacer nuevos cultivos es aceptable, vista la situación de necesidad de los causantes. Supongo que un jurado moral tendría que absolver a los pobres campesinos que intentan sobrevivir, y aun así su comportamiento se podría considerar contrario a una ética que valorase en alto grado la defensa de la naturaleza. ¿Puede construirse una ética en unas condiciones en las que, tan a menudo, su vulneración debe ser excusada por razón de necesidad mayor?

¿Podemos atribuir un derecho inherente a la vida a las otras especies y a los sistemas ecológicos? No existe una moral transcultural aceptada por todos (que es lo que J. A. Marina ha definido precisamente como ética). Cuando se dice que toda vida tiene un derecho inherente a ser respetada, salen inmediatamente los vectores de la malaria o el virus de la viruela, y si debemos dejar de comer plantas y animales. Por eso vuelvo al argumento del conocimiento. La conservación de cualquier forma de vida, incluso las nocivas para el hombre, tiene interés desde el punto de vista del científico, ya que cada especie es un tesoro de conocimiento potencial. Como el deseo de conocer es una característica vital de nuestra especie, preservar objetos de conocimiento podría ser considerado un interés colectivo de la humanidad, y tendríamos un argumento ético más aceptable que la asignación de un derecho inherente a seres o cosas no humanos.

Sin embargo, no todo el mundo entiende el interés científico, que es colectivo. Cualquier especie, por más que sea perjudicial para el hombre o para sus intereses, es fascinante como objeto de estudio para un científico con curiosidad. Así que mi opinión, o seguramente la de Darwin, quizás no tiene una verdadera base ética, sino que refleja mis intereses o curiosidades. Seguramente, a los filólogos les pasa lo mismo con las lenguas. Quizás confundimos nuestros valores, en los que el deseo de aprender o la curiosidad son vitalmente importantes, con lo que sería una norma extensible a toda la humanidad. No lo sé. El argumento es que cualquier cosa digna de ser estudiada y de proporcionarnos conocimiento es un bien superior que es necesario conservar, porque el conocimiento es esencial.

En resumen, los argumentos para una ampliación de la ética hacia la cuestión ambiental pueden basarse: 1) en los peligros (en gran parte desconocidos y difíciles de medir) de la destrucción de hábitats y especies por la humanidad, 2) en la conveniencia de seguir aprendiendo de la vida en todas sus manifestaciones, o 3) en un supuesto derecho inherente a cualquier especie a luchar por su vida (y, por lo tanto, la limitación de nuestro derecho a decidir sobre ella). Todos estos argumentos coinciden en una postura no antropocéntrica, ya que tienden a ver, de acuerdo con la ciencia actual, al hombre como parte de sistemas ecológicos más amplios, cuyo mantenimiento, por lo tanto, nos interesa mucho. Quizás la raíz de la posible extensión de la ética sea que el interés humano colectivo y el interés de los ecosistemas y la biosfera coinciden. Para el hombre es vital que los procesos ecológicos funcionen bastante bien y es también vital seguir aprendiendo de la vida; por eso la protección de los sistemas de apoyo de la vida tiene un valor superior a los intereses más particulares, sean de empresas, grupos humanos o sociedades enteras. Si esto es cierto, no haría falta, creo, recurrir al esencialismo de asignar derechos inherentes a cosas o seres no humanos.

Una vez llegados a este punto, seguirá resultándome imposible condenar moralmente al campesino desesperado si quema la selva o caza gorilas. Hace tiempo que el reto está planteado: conservación del entorno y dignificación de la vida humana deben avanzar en paralelo. Si no, ninguna ética o ampliación de la ética por el medio ambiente será defendible. Se trata, tal y como dice la definición de desarrollo sostenible, de aumentar el bienestar de las poblaciones humanas sin disminuir las posibilidades de las generaciones futuras: sostenibilidad, sí, pero desarrollo, también.

La biodiversidad es el resultado de la evolución, y, por lo tanto, de la historia. Muchas especies han desaparecido; aunque muchos científicos darían lo que fuese por encontrar vivo a algún representante de la fauna de Ediacara o de Burgess Shale o un dinosaurio, el hecho es que especies, géneros, familias y phylla enteros se han extinguido. Lo han hecho quizás el 99 % de las especies que han existido. En algunos períodos, las tasas han sido muy elevadas, y esto se ha asociado en ciertos casos a catástrofes concretas, pero incluso en períodos normales se han encontrado tasas de extinción no nulas. Asimismo, el ritmo de aparición de nuevas especies es fluctuante, y, en conjunto, la biodiversidad sobre el planeta ha cambiado a lo largo del tiempo. Es decir, es posible mantener una biosfera con niveles diferentes de biodiversidad. ¿Se puede hablar de unos límites mínimos tolerables, y condenar las destrucciones sólo más allá de estos límites?

Aquí pasa un poco como con la radiactividad: se aceptan unas normas, unos umbrales de peligrosidad, pero el hecho es que, científicamente, no hay forma de establecer estos límites. Cualquier radiactividad puede ser nociva, incluso a niveles muy bajos, y lo que se recomienda es que la radiactividad soportada sea lo más baja posible, que no es decir mucho. Aun así, hay una radiactividad ambiental inevitable. También hay unas tasas inevitables de extinción, y seguramente cada extinción individual tiene efectos sobre el conjunto. Podemos establecer un nivel máximo tolerable de extinción, como se ha hecho con la radiactividad, pero sería una decisión convencional. Los científicos se inclinarían por no aumentar las tasas «naturales» de extinción. Por otro lado, para el funcionamiento de los ecosistemas hay especies más importantes y otras que lo son menos, aunque casi nunca sabemos medir esta importancia dada la complejidad de los ecosistemas. En resumen, no podemos establecer unos límites absolutos más allá de los cuales la pérdida de diversidad debe considerarse intolerable, ni hacer una lista de especies prescindibles.

Es necesario poner la no destrucción de hábitat y especies (no destruyáis) en un alto nivel dentro de la escala de nuestros valores, y esto último se asocia, como he dicho, a una ética menos antropocéntrica. Aquí sí que parece que la tendencia general de la ciencia, y en particular la ciencia ecológica, pueden servirnos de orientación. Como hemos visto, la ecología da, después de Darwin, un nuevo paso para rebasar el antropocentrismo: el hombre es parte de la naturaleza, está integrado en los sistemas naturales. Se trata, por lo tanto, de construir una ética, o una extensión de la ética, sobre la base de que el interés humano colectivo (el de la humanidad en general) y el interés de los ecosistemas y la biosfera, de los que dependemos y en los que nos integramos, coinciden, y tienen un valor superior al de los intereses más particulares, de grupos humanos, sociedades o empresas. Yo me apuntaría fácilmente a una opción de este tipo (ya que conviene a mis preferencias y curiosidades; además, sería una buena base para articular políticas respetuosas con el entorno) y seguramente Darwin también lo haría; pero dudo del fundamento filosófico si la defensa de la naturaleza, definida como un valor abstracto, se enfrenta a necesidades elementales de poblaciones humanas. Las políticas respetuosas con el entorno están obligadas a superar este conflicto moral solucionando a la vez preservación y dignificación de la vida humana.

Razón y emociones en la conservación
Finalmente, aún hay algo que se puede añadir a los argumentos basados en la supervivencia y el conocimiento. El hombre es un ser en el que las emociones tienen un papel fundamental. Darwin dedicó un libro a la expresión de las emociones en el hombre y en los demás animales, convencido, con razón, de que las emociones y su expresión son producto de la evolución por selección natural. La estética se relaciona con la emoción (y la ética, claro está). En este contexto, la estética puede entrar al menos desde dos puntos de vista. Uno consiste en que no sólo hay funciones y conocimientos que sean necesarios preservar en la naturaleza, sino también belleza. Es la belleza de los parajes naturales la que, en primer lugar, ha contribuido al hecho de que se tomasen medidas de protección y no hay razones para pensar que no siga siendo así. Los parajes bellos o los animales más espectaculares motivan movimientos de defensa más intensos. Es cierto que la belleza no siempre es un criterio directamente relacionado con la importancia funcional o el interés científico, pero resulta evidente que la belleza interesa a los hombres. A todos.

El segundo punto de vista es tópico, vivimos en el mundo de la imagen, y a menudo es más importante la imagen que se da que lo que hay detrás. En la publicidad, la finalidad propia es dar a conocer un producto y crear una imagen positiva de él. Y aquí hay algo parecido a una preocupación estética. Muchas empresas, a menudo poco respetuosas en la práctica con el medio, intentan dar la imagen opuesta, de ofrecernos naturaleza. Nos agobian con anuncios de automóviles «cuatro por cuatro» enmarcados en una naturaleza impresionante, cuando el éxito del producto y la proliferación de estos vehículos constituye, en realidad, una terrible amenaza para el medio. Se vende naturaleza, cuando en realidad se está incitando a destruirla. Si la emoción estética puede ser una motivación positiva para la protección del medio, la emoción manipulada puede resultar un enemigo temible. Está claro que siempre es así en el mundo de las emociones. Por eso es tan importante que aprendamos a ver la fealdad del engaño tras la atracción de una publicidad engañosa, o a avergonzarnos (es decir, a adquirir una visión negativa de nuestra propia imagen) si manipulamos interesadamente los temas ambientales.

Ética y estética son difíciles de disociar, puesto que nuestro comportamiento lo juzgan los demás por la imagen que damos. Por lo tanto, cuando algún valor es socialmente aceptado y reconocido, es más difícil atacarlo, si no por convicción propia al menos por la imagen que queremos dar. Así que, si no nos sale ser ambientalmente correctos por convicción, hace falta hacer que lo seamos por estética, para parecer correctos y bien educados. En esto reside la presión de la sociedad. Ha funcionado siempre con una potencia enorme en la regulación de las conductas dentro de sociedades pequeñas. El mecanismo puede quedar más desvirtuado cuando quien actúa son sociedades anónimas y multitudes impersonales, pero en este aspecto la educación del consumidor debe tener un papel decisivo. La educación puede reforzar los mecanismos de control social, en unas condiciones en las que estos tienden a desintegrarse. A medida que el poder se desplaza hacia fuerzas económicas impersonales y cada vez más lejanas, y que muchos políticos, carentes de opciones reales porque la economía está en otras manos, pasan de proponer ideas sobre cómo gobernar a proponer una imagen atractiva sin ideas, sólo una atenta presión social puede contrarrestar estas tendencias para exigir conductas cada vez más respetuosas con el medio.

Conclusión
Hay muchas iniciativas internacionales dedicadas a frenar la destrucción de la biodiversidad. El primer factor de destrucción es la proliferación de la especie humana y el impacto de sus actividades en cualquier parte del planeta, que está determinando una transformación rápida de los hábitats y los usos del suelo, y a la vez una alteración de la atmósfera y el clima. Los países ricos pueden diseñar políticas de gestión más conservacionistas, delimitando áreas protegidas y redes de conexión, protegiendo especies concretas y limitando o prohibiendo actividades que se consideran nocivas para el medio; pero los principales lugares en los que se libra la batalla son los países pobres de la zona tropical. Hay muy pocas soluciones. La cuestión de fondo es la asimetría entre países pobres y ricos. A menudo, las mismas empresas y personas que tienen un comportamiento respetuoso en Europa, en Japón o en Estados Unidos son depredadoras en el Tercer Mundo. El proceso destructivo tiene, en primer lugar, causas socioeconómicas, y son necesarias soluciones muy imaginativas y solidarias para atacarlas. Ahora, las estrategias apuestan por abordar el tema desde una óptica mucho más amplia, que considere los drivers o conductores del cambio (en primer lugar socioeconómicos y también climáticos) y, por lo tanto, que integre soluciones que vayan mucho más allá de la delimitación de espacios que es necesario proteger y la implementación de medidas técnicas. También se ha modificado la idea de la conservación en zonas isoladas, ya que la fragmentación es un factor de pérdida de diversidad y de fragilidad de la diversidad delante de sus cambios ambientales. Es necesario diseñar estratégias de un cierto grado de conservación en todo el territorio, con especificaciones más concretas en ciertas areas, y un grado satisfactorio de permeabilidad en el conjunto del planta.

Las cosas, además, se han complicado. Estamos asistiendo a procesos de cambio en el funcionamiento de los ecosistemas que no se acaban de entender. Cambios muy pequeños en apariencia, por ejemplo en la temperatura o la acidez de los océanos, acompañan altibajos importantes en la composición de los ecosistemas, como los problemas de los corales, la proliferación de medusas, etc. La conservación no podrá consistir en poner aparte una parte del planeta para que no se estropee, porque hay procesos de ámbito planetario que están cambiando y la conservación deberá de ser una gestión de abastecimiento muy amplio que, en gran parte, no podemos hacer por ignorancia, y quizás, por una real incapacidad práctica.

Quizás, más que imaginar que pensaría Darwin de los problemas actuales del medio, el que habríamos de hacer es pensar como aprovechar las enseñanzas de Darwin, para hacer mejor las cosas. Darwin nos enseñó alguna cosa sobre como somos y de donde venimos. Esto nos puede ayudar a decidir hacia donde vamos, y cómo.



Jaume Terradas Serra es miembro del CREAF y Unidad de Ecología, Universidad Autónoma de Barcelona
Revista Medi Ambient (GenCat)

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Entrevista con Federico Aguilera Klink

LA TOMA DE DECISIONES SOBRE EL AGUA TIENE QUE SER DEMOCRÁTICA

Entrevista con Federico Aguilera Klink sobre la nueva economía del agua
"La nueva cultura del agua asume que la escasez está socialmente construida y que la toma de decisiones tiene que ser realmente democrática"

Federico Aguilera Klink, profesor de economía de los recursos naturales y del medio ambiente y de economía ecológica, es catedrático de economía aplicada en la Universidad de La Laguna. Fue Premio Nacional de Economía y Medio ambiente “Lucas Mallada” en 2004. Sus ámbitos de investigación son la economía del agua, la economía ecológica y la calidad de las decisiones y problemas ambientales. Entre sus publicaciones más recientes cabe citar Los mercados del agua en Tenerife, Bakeaz, Bilbao, 2002 (en colaboración con Miguel Sánchez Padrón); Los costes sociales de la empresa privada (antología de K. W. Kapp), Los Libros de la Catarata (colección Pensamiento crítico), 2006, y Calidad de la democracia y protección ambiental en Canarias, Fundación César Manrique, 2006.

En tu último libro La nueva economía del agua -Los libros de la catarata, Madrid, 2008- hablas del agua como un activo económico, ecológico y social. ¿Podrías explicar las características centrales de esta aproximación trinitaria?

Lo que intento es salir de una perspectiva en la que sólo cuenta una dimensión del agua como algo que es necesario para que funcionen las actividades económicas y los ríos se consideran tubos que canalizan esa agua evitando que se pierda en el mar gracias a los embalses.
Por eso insisto en una mirada más sistémica y multidimensional en la que el agua cumple diferentes funciones que, además de ser necesarias, tienen que ser compatibles.

¿Y qué funciones son esas que tienen ser compatibles entre sí?

Los ríos tienen que seguir siendo ríos y cumplir sus funciones ambientales o de soporte de la vida hasta llegar al mar y cerrar el ciclo del agua. A su vez, el ver y sentir los ríos como ríos es fundamental para un psiquismo sano y para no perder, como señalaba Goethe hace dos siglos, la conciencia de nuestra dependencia de la naturaleza. Ser conscientes de esta dependencia de la naturaleza y, de manera más amplia, ser realmente conscientes de nuestras acciones es algo, como señala Jung, necesario para la supervivencia de la humanidad.
Por otro lado, mientras el agua tenga una calidad determinada puede seguir siendo un recurso y cumplir esas funciones entre las que hay que incluir la de factor de producción entendido no sólo como una cantidad física sino como el derecho a llevar a cabo una lista limitada de actividades y el deber de devolverla o retornarla en las condiciones necesarias para evitar el deterioro del río, del acuífero o del mar, es decir, para mantener el buen estado ecológico como señala la Directiva Marco Europea del Agua.

¿En qué consistiría la nueva cultura del agua? ¿En que consistía la vieja cultura del agua?

Hay tres aspectos que permiten establecer una distinción adecuada entre ambas sin extenderse demasiado. La vieja cultura del agua parte de que la escasez es, siempre, física por lo que siempre es necesario construir más embalses y trasvases (o plantas desalinizadoras de agua de mar), siendo la toma de decisiones habitualmente autoritaria, aunque los decisores hayan sido elegidos en elecciones digamos democráticas. Por el contrario, la nueva cultura del agua asume que la escasez está socialmente construida, lo que significa que no hay gestión del agua sin gestión del territorio y que la toma de decisiones tiene que ser realmente democrática, basada en el debate público y en contar con la gente que, habitualmente, tiene mucho que decir. De nuevo, para la vieja cultura un río es un tubo y para la nueva un río es un organismo vivo integrado en su cuenca y que tiene que llegar al mar.

Pero esa consideración de que siempre es necesario construir más embalses y trasvases o más plantas desalinizadoras, en ocasiones no infrecuentes es defendida por los propios agricultores, por esa gente a la que te referías y que tiene mucho que decir.

Sí y no. Siempre hay que contar con la gente pero eso significa que debatir y argumentar es clave para evitar manipulaciones. En la actualidad se sigue utilizando al pobre agricultor como excusa para beneficiar a los grandes inversores agrarios y a los cazaprimas de subvenciones pero ya no hay pobres agricultores. Y si los hubiera, habría que diseñar políticas agrarias para ellos siempre que se reconviertan a la agricultura ecológica que, por cierto, es la que menos ayudas recibe y la que genera un impacto ambiental más bajo y unos beneficios sociales cada vez más elevados, al evitar el uso de pesticidas y no contaminar aguas y suelos.

En el primer capítulo del libro sostienes que la escasez de agua no es de carácter físico sino que está socialmente condicionada. ¿Qué condicionamientos son esos? ¿Acaso afirmas que no hay escasez física de agua en alguna zonas del país?

Inicialmente la escasez puede ser física, es decir, que llueve poco, como ocurre en Lanzarote o Almería. El problema es que esa escasez puede llegar a convertirse en una escasez socialmente construida o condicionada si decidimos que no hay límite a la agricultura o a la construcción de urbanizaciones y hoteles. Así pues, da igual que construyamos embalses, trasvases o plantas desalinizadoras. Nunca será suficiente. Acabaremos con los ríos y transformaremos la escasez física de agua en escasez socialmente construida y en escasez de energía. No olvidemos que las desalinizadoras funcionan con petróleo. Lo mismo puede ocurrir en zonas lluviosas si se trata de implantar un uso del territorio que genere una necesidad insaciable del agua.

Y esos condicionamientos sociales a los que haces referencia, ¿ocultan intereses de clase o son más bien ensoñaciones sociales de carácter general?

Pueden ocultar intereses de clase y también de lógica capitalista y económica de sistema cerrado a la que no le importa en absoluto ni la naturaleza ni las personas por lo que no se hacen responsables de los costes que generan. La mayoría de los agricultores cree, o se le ha hecho creer, que tiene derecho a recibir agua, viva donde viva. Creo que hay una gran parte de inconsciencia en esa actitud ante el agua que no es ajena a manipulaciones políticas como el famoso eslogan de "Agua para todos".

¿Qué papel debería jugar la ciencia en la toma de decisiones en este ámbito? Tú sostienes que no cuestionas su necesidad sino el papel que juega. ¿Cuál debería ser entonces su papel?

La buena ciencia nos tendría que ayudar a entender cuál es el problema, lo que se supone que nos permitiría vislumbrar soluciones adecuadas, pero la toma de decisiones en este tipo de problemas no es ajena a la política, por eso insisto en el debate público y en procedimientos democráticos que permitan a la gente participar realmente y de manera vinculante. Si no es así, lo que ocurre es que las decisiones políticas se transforman en decisiones arbitrarias, sin argumentos adecuados y que benefician a determinados intereses sin resolver razonablemente el problema, pues no es lo que les interesa. De hecho es lo que lleva tiempo ocurriendo con el agua pues se ha convertido, desde hace décadas, en una excusa para construir costosas e innecesarias obras públicas que sólo benefician a las eléctricas, a las grandes constructoras y a destacados grupos empresariales agrarios.

Usas en varios apartados del ensayo el concepto de democracia deliberativa. ¿Qué tipo de democracia es ésa? ¿Es opuesta o complementaria a la democracia electoral?

Entiendo que la democracia se está reduciendo, cada vez más, a celebrar elecciones de vez en cuando. Es lo que yo llamo ¡vota y calla! Frente a esta situación es necesario regenerar la democracia e insistir en que la legitimidad democrática no se obtiene sólo por las urnas sino por la manera de tomar las decisiones. Los políticos que toman decisiones arbitrarias, es decir, sin contar con la gente, sin argumentar y razonar adecuadamente, sin someterse a debates públicos en los que expliquen qué problemas quieren resolver y cómo y sin aceptar que puede haber otras formas de plantear y diagnosticar problemas y ofrecer soluciones, carecen de la legitimidad democrática de comportamiento.
Desde mi punto de vista, la democracia electoral es sólo un componente, pero no el más destacado, de la democracia. Sobre todo si se tiene en cuenta que no sabemos cómo se financian los partidos, que las leyes electorales distan mucho de darle el mismo peso a cada voto y que los programas electorales son papel mojado.

En el tercer capítulo del libro hablas de gestiones autoritarias y gestiones democráticas del agua. ¿Cuándo una gestión es autoritaria? ¿Cómo debería ser una gestión democrática del agua? ¿Conoces alguna experiencia que pudiera ser calificada así?

Una decisión autoritaria es aquella que da la solución antes de definir de manera argumentada cuál es el problema que se quiere resolver, a ver si cuela. Esto suele pasar con los megaproyectos pero no sólo con ellos. Ahí tenemos los diferentes proyectos de trasvases del Ebro, entre otros. Luego se trata de legitimar esa solución como fruto de un trabajo experto que, habitualmente, no es nada más que un encargo a la carta. Si, finalmente, la gente rechaza esa solución porque el problema no existe tal y como es definido, se suele recurrir a la declaración de interés público para acabar cuanto antes a la vez que se intimida y descalifica a los que se oponen a esos proyectos. Esta es la pauta habitual de una decisión autoritaria.

Y en cuanto a la experiencia que te pedía


Lo lamento pero no conozco casos de gestión o decisión democrática. Estamos en un momento en el que domina un uso confuso y vacío del lenguaje en el que todo disparate se adorna de términos como sostenible, ecológico o participativo. Ahora, disparates como la Expo de Zaragoza se autocalifican en esa línea cuando realmente no tienen nada que ver con ello. Y cualquier Ayuntamiento o Gobierno Autonómico tiene su gabinete u oficina de participación ciudadana sin que la gente pueda realmente participar. No es nada más que una tomadura de pelo.
La gestión democrática tendría que empezar por financiar y facilitar la participación pública, durante el tiempo adecuado, para compartir el diagnóstico sobre el problema a resolver. Después vendría el estudio de las alternativas, también con la gente. En la actualidad, los políticos sólo aceptan un cierto debate si la gente es capaz de movilizarse.

¿La Expo aragonesa un disparate? ¿Puedes precisar un poco tu comentario?
La Expo no tiene nada que ver con la gestión sostenible del agua. ¡Con todo lo que hay que hacer en España para tomarse en serio la gestión del agua y del territorio y sólo se les ocurre una Feria del Agua! Son capaces de gastarse cientos de millones de euros en farándula del agua con tal de no abordar los problemas que hay que resolver. Mientras tanto, no se incentiva el cambio de prácticas agrarias, se lamenta la crisis del ladrillo y el gobierno lanza un plan de 20.000 millones de euros para limpiar los ríos que, así, se podrán seguir ensuciando anualmente para cumplir con la Directiva Marco. Todo esto no es nada más que otro megaproyecto sin sentido ambiental y financiado con fondos públicos, pero seguro que montarán más Expos sostenibles en los próximos años.

¿Qué papel crees que debería jugar la Administración pública en la gestión del agua en España? ¿Abonas por un modelo unitario, federal, confederal?

El papel que apenas ha jugado hasta ahora. José Luis Moreu, Catedrático de Derecho de la Universidad de Zaragoza, lleva tiempo diciendo que a la administración pública del agua en España nunca se le ha permitido ejercer esa administración pues ha estado legalmente maniatada en beneficio de los grandes intereses agrarios. Esa administración hidráulica es por Cuencas y pienso que debería seguir siendo así, pero, de nuevo, con argumentos y participación no ceremonial. Hace unos meses, Jerónimo Blasco, actual teniente de alcalde del Ayuntamiento de Zaragoza, reconoció en una Tribuna del agua, organizada con motivo de la Expo de Zaragoza, que la cantidad de agua que el Estatuto de Autonomía de Aragón se blindaba se había calculado sin criterios, simplemente ?a ojo?. No hubo ningún argumento ni ninguna estimación razonada previamente, se puso una cantidad como se podía haber puesto diez veces menos o mucho más. Esto es lo que hay.
En cuanto al modelo, sinceramente me da igual el que sea si, al final, no se exigen argumentos razonados pues vale todo. Incluso la unidad de cuenca carece de sentido si no se hace una gestión razonada en cada una. En este sentido, me preocupa mucho ver que cada vez hay más agricultores que están deseando vender el agua pública que tienen en concesión porque les resulta más rentable que cultivar, cuando lo que tendrían que hacer es devolver la concesión a la Confederación Hidrográfica correspondiente. Aunque quizás lo que ocurre es que hace ya muchos años que no cultivan y el gobierno no quiere actualizar las concesiones (¿dónde está el Programa Alberca que las iba a actualizar?) para no tener conflictos. Así no hay nada que hacer. Seguimos en el España va bien.

Se ha discutido estos meses en torno al trasvase del Ebro (minitrasvase, se ha dicho; movimiento de aguas y eufemismos similares) para paliar la actual sequía en Catalunya. ¿Qué opinión te merece la opción y las formas en que ha sido tomada?
La opción me parece errónea y muy costosa. Narcis Prat, Catedrático de Ecología de la Universidad de Barcelona, ha planteado alternativas más razonables como la adquisición temporal de agua a agricultores próximos a Barcelona. Pero no se le ha escuchado. Tampoco se ha escuchado a la Plataforma en Defensa del Ebro en Tortosa. Por eso entiendo que esta decisión es un buen ejemplo de decisión autoritaria. Y no sólo eso. Se ha hecho público que Cristina Narbona presentó un Informe en el que argumentaba en contra de este minitrasvase, informe que no se ha difundido. Así es que hay dudas más que razonables sobre la necesidad de esta opción y sus posibles beneficiarios.

¿Y por qué crees que no se ha difundido ese informe? ¿Crees que puede tener algo que ver esa posición de Narbona con su no presencia en el nuevo gobierno?
No lo sé. Narbona ha sido la única persona que ha llegado al Ministerio de Medio Ambiente sabiendo del tema. Otra cosa es lo que haya hecho o le hayan dejado hacer. Todos los demás han llegado sin saber nada y con el objetivo claro de que el Medio Ambiente no obstaculizase a la economía y al crecimiento del PIB, como pasa con las Consejerías autonómicas del ramo. De todas maneras creo que un Ministerio o una Consejería de Medio Ambiente carecen de competencias reales, es decir, son adornos, en un contexto en el que el resto de los Ministerios están obsesionados por el crecimiento económico y por el PIB que, como dice Mishan, es un indicador de velocidad pero no de dirección. Así pues, ¿Qué puede hacer un Ministerio de Medio Ambiente cuando lo que hay que hacer es cambiar la economía y empezar a moverse hacia una economía sostenible o compatible con el medio ambiente? Muy poco, sólo hacer creer a la gente que estas cuestiones les interesan.

¿Observas diferencias destacables entre la gestión hidráulica de los gobiernos del PP y la que ha llevado el PSOE en estos últimos años?

No demasiadas. Es cierto que hay una muy importante que es la derogación ?temporal? del trasvase del Ebro. Aparte de ella poco se ha hecho para poner orden en cada cuenca. Se mantiene el Anexo II de obras hidráulicas en el decreto de derogación y, además, se ha incluido algún embalse más como el de Caleao en Asturias que carece de argumentos. Ya sé que no es fácil cambiar la política hidráulica en poco tiempo pero muchos esperábamos que la declaración realizada por Zapatero en el discurso de investidura en 2004 sobre la aplicación de una nueva política del agua iba en serio, aunque suene a ingenuidad. Sin embargo se cesó a Helena Caballero que estaba tratando de poner cierto orden en la Cuenca del Duero. Por otro lado, creo que la orientación del nuevo Ministerio da a entender que va a haber poca gestión del agua y posiblemente se desande lo andado.

En el último capítulo de tu libro, estableces un paralelismo entre la transición política española y la necesidad de hacer esta transición, aún pendiente, en el tema del agua. ¿Crees que es posible? ¿Hay fuerzas políticas, ciudadanas que abonen esta perspectiva? ¿No es más bien tu propuesta una ensoñación, un hermoso deseo?

Creo que es posible pero muy difícil, obviamente. Aunque no lo veo como una ensoñación. Estoy convencido de que esa transición es necesaria. De hecho, la auténtica ensoñación es pensar que podemos seguir creciendo sin límite y seguir construyendo más embalses y pantanos. Si no asumimos esa transición, el cambio climático y el cénit del petróleo nos harán bajar de las nubes y poner los pies en el suelo, lo que podrá generar una transición conflictiva y dolorosa. Tiempo al tiempo.

Hablas en varios momentos de la dictadura de las constructoras. ¿Qué dictadura es esa? ¿Dónde ejerce su dominio? ¿No tienen contrapesos?

Esa es una expresión muy lúcida del periodista Carlos de Prada que titula así un artículo suyo y que hace un análisis muy claro de la relación entre constructoras y decisiones políticas. Las constructoras y SEOPAN, como acabamos de constatar hace poco, tienen un enorme poder para imponer decisiones y reglas de juego. No es casual que el PP presente su Plan Hidrológico Nacional en el año 2000 en la sede de SEOPAN en Murcia, aunque a mí me parece una enorme torpeza que agradezco. Tampoco es casual que Zapatero presente el Plan Especial de Infraestructuras y Transporte en La Moncloa invitando a la plana mayor de SEOPAN y a los sindicatos. Son gestos e indicadores muy simbólicos sobre quién tiene el poder y que evitan perder el tiempo buscando conexiones entre empresarios y políticos.

Entonces, si me permites que me salga del guión, ¿qué opinión te merece que el señor David Taguas, ex director de la oficina económica del gobierno del señor Zapatero, sea contratado, y él acepte la contratación claro está, de SEOPAN?

Refleja muy adecuadamente el papel que juega SEOPAN y la subordinación del gobierno. Algo parecido, pero al revés, pasó con Benigno Blanco, como cuenta Carlos de Prada, al pasar de ser Jefe de los Servicios Jurídicos de Iberdrola a ser Secretario de Estado de Aguas. Adam Smith ya decía que el gobierno está instituido por los ricos para defenderse de los pobres. Y Tomás Moro, en 1516, escribía lo siguiente:
La sociedad existente no es sino una conspiración de los ricos para conseguir sus propios intereses so pretexto de organizar la sociedad. Inventan todo tipo de trucos y estratagemas, primero para mantener sus beneficios obtenidos y después para explotar a los pobres comprando su trabajo tan barato como les sea posible. Una vez los ricos han decidido que estos trucos y estratagemas sean reconocidos oficialmente por la sociedad -que incluye tanto a pobres como a ricos- adquieren fuerza de ley. Así, una minoría sin escrúpulos se rige por su insaciable codicia de monopolizar lo que habría sido suficiente para suplir las necesidades de toda la población.

Hemos cambiado menos de lo que parece ¿Verdad? Sería interesante conocer quién nombra a los ministros o a los cargos relevantes en cada ministerio y con qué objetivos.

El mercado, en general, no sale bien parado en su libro. Sin embargo, sigue siendo un dios intocable no sólo para las grandes corporaciones sino también para muchos políticos y numerosos economistas. ¿Qué tienes en contra del mercado como método de asignación de recursos? ¿Por qué crees que sigue planeando urbi et orbe esta divinización?
A mí me parece que más que salir mal parado lo que hago es tratar de ponerlo en su sitio, es decir, mostrar que no es nada más que un mecanismo cuyo funcionamiento y resultados dependen del marco institucional. Otra cosa es que a los estudiantes de economía se les enseñe, erróneamente, que el mercado es sólo la interacción entre Oferta y Demanda sin hablarles de dicho marco. Por eso me voy a Adam Smith porque él si tenía muy claro qué era y es un mercado y cómo los empresarios tienen interés en ampliar el mercado (los consumidores potenciales) pero sin ampliar la competencia. A Smith se le ha despachado muy rápido como el de la mano invisible pero es un observador muy lúcido del poder, de lo que es el mercado y de cómo los grandes empresarios pueden imponer sus reglas en contra de la sociedad pero en nombre del hipotético mercado, tal y como ocurre actualmente pues se habla del mercado como algo impersonal, “el mercado decide”- sin mencionarse que, con frecuencia, hay poderosos intereses manipulando los mercados e imponiendo reglas de juego que no son neutrales mientras se anima a la gente a competir olvidando que la competencia entre desiguales genera el abuso. Hay un dibujo de El Roto que expresa bien toda esta confusión deliberada sobre el mercado. ”Todo lo que no es mercado, es superstición”, dice uno de sus personajes. Y ese es, exactamente, el papel legitimador que se le quiere dar al mercado en un contexto en el que el mercado brilla por su ausencia y estamos en manos de políticos y empresarios desalmados.

¿Crees que la ciudadanía española debería pagar más por un bien tan esencial? Hay gentes que sostienen que sólo se valora lo que cuesta, por lo tanto? ¿Es esa tu opinión?

Entiendo que el agua requiere diferentes tarificaciones en diferentes usos, incluyendo el coste de la depuración no sólo en los usos urbanos sino en los agrícolas e industriales. Esto nos llevaría a una aplicación razonable de la Directiva Marco Europea del Agua en el sentido de cambiar las prácticas agrícolas, con independencia de mejorar las redes de distribución y las prácticas de riego, orientando esta actividad hacia la agricultura ecológica, y cambiando también los procesos industriales de acuerdo con el principio de precaución.
En cualquier caso, en los usos urbanos, que es donde parece que hay más polémica sobre la tarificación, es necesario aclarar que, habitualmente, el problema no reside en un consumo excesivo sino en las pérdidas en las redes urbanas. No hay que olvidar que el uso urbano puede ser considerado, tal y como ocurre en Arizona por ley, como uso no consuntivo, en el sentido de que esta fracción de agua tiene que regenerarse y volver a ser usada para recargar el acuífero.
Ahora bien, sigue existiendo un serio problema, como el que tú mencionas, sobre no valorar aquello por lo que no se paga. Yo pregunto a mis estudiantes cuántos conocen el volumen de agua que usan en casa. La mayoría (90 %) no lo sabe. Luego les pregunto cuánto pagan por el agua al mes en casa y tampoco lo saben. Finalmente les pregunto cuánto pagan de teléfono móvil y todos lo saben. Conclusión. El agua no es ni una prioridad ni un problema para ellos. Este es un serio problema, desde mi punto de vista, que hay que valorar ya que da a entender que no sabemos en qué planeta vivimos. Pero además, hay estimaciones que indican que ya gastamos más dinero en agua embotellada que en el agua de grifo por lo que la polémica sobre si pagar o no parece que está fuera de lugar en la mayoría de los casos, pues ya se está pagando con el agravante de que un elevado precio no está haciendo disminuir el consumo pues la gente percibe que compra agua de calidad que está relacionada con la ?salud?.

¿Y por qué crees que se consume tanta agua embotellada? ¿Es una adquisición necesaria? Por lo demás, ¿las pérdidas de agua en las redes urbanas son inevitables? Si no lo fueran, ¿por qué se asignan más esfuerzos a esa tarea tan necesaria?

Porque se nos hace creer que no es posible mejorar la calidad del agua que sale por el grifo a un coste razonable, algo que es falso. Por otro lado, las empresas de distribución urbana de agua suelen tener intereses en las empresas que venden agua embotellada por lo que les beneficia directamente no mejorar la calidad del agua distribuida.
En cuanto a las pérdidas en las redes urbanas, hay que decir que se pueden disminuir sin problemas con costes que, además, se pueden asumir sin dificultades. ¿Cómo no se van a poder repercutir los costes de manera razonable si el metro cúbico de agua embotellada supera los 300 euros por metro cúbico? Por ejemplo, Santa Cruz de Tenerife perdía casi el 50 % del agua en sus redes en 1975. La gerencia de la empresa municipal de aguas decidió reparar las redes y, en sólo seis años, se consiguió bajar las pérdidas al 10 %. Es más, actualmente, Santa Cruz usa menos agua, a pesar del crecimiento demográfico, que en 1975.
El problema en la mayoría de las ciudades de la península es que no aceptan reparar las redes porque les resulta caro si se compara con el coste del agua que se ahorra y que les vende, habitualmente, la Confederación hidrográfica correspondiente a precios muy bajos. Por eso, antes de aumentarles el suministro alegremente hay que obligar a las ciudades a mejorar las redes de distribución, aunque les parezca caro, puesto que el coste real que tienen que tener en cuenta para calcular la rentabilidad de estas reparaciones no es el precio al que se les vende el agua sino el coste de construir nuevos embalses y trasvases. Lo que ocurre es que como esa construcción corre a cargo del Estado ese coste no se tiene en cuenta por los responsables urbanos del abastecimiento de agua.

¿Qué papel ha jugado (y sigue jugando) José Manuel Naredo en la formación en España de lo que podríamos denominar economía crítica?

José Manuel Naredo es una mente privilegiada y, también, una gran persona que nos ha orientado a muchos, nos ha acogido intelectual y afectivamente y sigue estando ahí, como dice Jorge Riechmann en un poema, estudiando y escribiendo con esa lucidez tan destacada. Su papel sigue siendo muy importante a la hora de formar economistas con una perspectiva crítica y ecointegradora. Lo preocupante es que ningún gobierno de este país le haya consultado o tenido como asesor. Esto dice mucho de lo que podemos esperar realmente de estos gobiernos que se dicen progresistas.

El presentador del libro, Francisco Puche Vergara, recuerda unas palabras tuyas de 1971 que hablan de la tarea de convencer a la gente de la necesidad de un cambio radical en la manera habitual de observar los acontecimientos económicos, presuponiendo que ideas que parecen estar condenadas inicialmente a la impotencia política puede calar hondo en la ciudadanía. ¿Sigues defendiendo esta concepción o crees que el actual ruido desinformativo ha generado más barreras, que la dificultad es mucho mayor?
Paco Puche escribe que esas palabras son de Mishan, aunque yo las utilizo con frecuencia. Mishan es un economista inglés, autor de Los costes del desarrollo económico, un libro de gran actualidad. De todas maneras sigo pensando como Mishan. Ese es el papel de un profesor de economía. Yo explico Economía Ecológica y Economía del agua y no le veo sentido a ir a clase a repetir los cuatro tópicos de una economía que no usa recursos naturales ni genera residuos (sólo ocasionalmente externalidades), es decir que ignora las leyes físicas y el funcionamiento de los ecosistemas. En cuanto al agua, no considero honesto intelectualmente enseñar que todo se reduce a que hay un desequilibrio espacio temporal en las precipitaciones en la península ibérica que se resuelve con más embalses y trasvases. Se supone que enseñar economía es enseñar a pensar por cuenta propia repensando conceptos.

Dedicas el libro a Susan Christopher Nunn, una mujer, escribes, generosa y sensible y una economista lúcida y valiente. ¿Quién fue Susan C. Nunn?

Fue una profesora de Economía de la Universidad de Arizona en Tucson, que trabajaba en el Departamento de Hidrología y Gestión del Agua, que me puso en contacto con la perspectiva de la economía institucional aplicada a los recursos naturales. Pasé una temporada trabajando con ella en Arizona en ese Departamento en 1987 y, como digo en el libro, cambió mi vida profesional pues empecé a leer unos trabajos que cambiaban las preguntas habituales sobre precios y cantidades por otras más relevantes sobre ¿Qué es el mercado? ¿Quién configura las reglas de juego? ¿Quién se beneficia de ellas o quien carga con los costes?, etc. Esto me proporcionó una mirada diferente, en el sentido de Mishan, y empecé a ver las cosas de otra manera y a disfrutar mucho con lo que estudiaba aunque las preguntas, al ser más conflictivas, no eran bien acogidas en los casos de estudio y me proporcionaron, y siguen haciéndolo, algunos disgustos pues mucha gente sigue pensando que un economista debe limitarse a cuestiones monetarias. Yo pienso, por el contrario, que hay que dejarse llevar por el objeto de estudio.
Susan se trasladó hace unos 15 años a la Universidad de New Mexico en Albuquerque y poco después dejó la universidad para trabajar como consultora en temas de agua, realizando un trabajo muy hermoso con la gente de este Estado hasta que falleció en el verano de 2006.



Salvador López Arnal
Papeles de relaciones ecosociales y cambio global. nº 103, otoño 2008, pp. 107-118
tomado de Rebelión

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